El mundo del espectáculo y el espectáculo del mundo son inseparables. Oreste Campese, director de un modesto teatro, acude al nuevo gobernador para invocar su ayuda tras el desastroso incendio del local. Terminada la entrevista, el gobernador atiende otras visitas: el médico, el párroco, la maestra… ¿Pero son realmente los habitantes del pueblo que vienen a exponer sus dramas personales o son los cómicos de Campese?
Carles Alfaro, tras su lograda puesta en escena de El portero de Pinter, vuelve a La Abadía con una obra clave del gran Eduardo de Filippo, aún poco conocido en España. “Italianísimo, napolitanísimo y al mismo tiempo internacional”, en palabras de Giorgio Strehler, De Filippo nos invita a jugar en el tablado que sostiene realidad y ficción y a sentir, juntos, el pálpito del teatro.
“Cuando muere un personaje en la ficción teatral, significa que en algún rincón de la tierra alguien acaba de morir o está a punto de morir de verdad.”